Cómo puede el ser humano lograr la felicidad

Una antigua leyenda hindú narra que en un viejo monasterio, en las lejanas montañas del Himalaya, se encontraba fuertemente custodiado el secreto de Dios: "Cómo puede el ser humano lograr la felicidad".

Dios, decepcionado por la soberbia del hombre, eligió ese lugar para esconderlo.

Según la leyenda, por la ayuda que prestó un intrépido explorador a un monje, al salvarlo de morir ahogado en un río, además de haberlo reconfortado y alimentado sin interés alguno, el monje le entregó, en agradecimiento, un mapa con extrañas inscripciones que había heredado, como único tesoro, de su maestro espiritual, y sin tener otra cosa más valiosa para gratificar su ayuda, se lo dio al explorador.

Durante varios años, el explorador intentó descifrarlo. Decepcionado, por lo inútil de sus esfuerzos, en un arranque de cólera lo lanzó al río, que casualmente era el mismo en el que había salvado al monje.

En cuanto el pergamino tocó el agua, se tomó luminoso y se reveló el código para interpretarlo. De inmediato lo rescató y, para su sorpresa, la inscripción indicaba el lugar en el que se encontraba el secreto de Dios.

La travesía duró dos años, por lo intrincado e inaccesible de los caminos. Muchas veces, el explorador erró el rumbo y tuvo que desandar largas rutas, pues sus únicas señales eran las estrellas, las cuales, en noches oscuras, lo hicieron extraviarse. Finalmente, divisó un monasterio sobre el saliente de una roca, al pie de una gran montaña. Se acercó cautelosamente y llegó ante una puerta enorme que, para su asombro, estaba abierta sin vigilancia alguna. Su sorpresa fue mayor cuando salió a su encuentro un viejo monje, que con una amplia sonrisa le preguntó amablemente qué deseaba.

El explorador contó su extraña aventura, suplicándole le permitiera conocer el secreto de Dios. El monje le contestó:

-El secreto de Dios está a su disposición, pero usted seguramente se preguntará cómo, si el mapa indica que está fuertemente custodiado. Le diré que el secreto se cuida solo; está labrado en una piedra y sólo lo podrá leer si el espíritu que lo guarda considera que usted es merecedor de conocerlo.

-¿Y cómo sabré si soy digno o no?

-preguntó el explorador.

-El espíritu guardián le formulará una sola pregunta, y de su respuesta depende la revelación.

El explorador siguió al monje al interior del monasterio, era un lugar místico; se escuchaban unos coros a lo lejos; estaba iluminado con lámparas de aceite, olía a incienso y se respiraba una profunda paz.

El monje lo condujo a una capilla, que tenía por altar una gran roca, con una enorme cantidad de cirios encendidos a su alrededor.

El explorador, admirado y con cierto temor, se acercó y en voz alta hizo su petición:

-Deseo fervientemente conocer el secreto de Dios, saber cómo lograr ser plenamente feliz...

El espíritu respondió:

-¿Para qué deseas saberlo y qué harás con él?

-Deseo ser feliz

-contestó e inmediatamente agregó-, y si me es revelado, me comprometo a darlo a conocer al mayor número de personas que me sea posible.

Para asombro del propio monje y del explorador, se escuchó la voz del espíritu:

-Dejaría de ser un secreto si lo revelaras a otra persona. Si te comprometes a no divulgarlo, se te dará la oportunidad, ¿qué contestas?

-Prefiero no conocerlo, pues no creo justo que, sabiendo la verdad, me quede solamente yo con ella.

La mayoría de los seres humanos buscan la felicidad, pero no saben cómo alcanzarla.

Lamento no poder comprometerme con lo que me pides.

Se oyó aún más poderosa la voz del espíritu:

-Has hablado, no con la inteligencia, sino con el corazón.

Has manifestado el don más grande de la creación. Cumpliré la voluntad de Dios, revelar el secreto de la felicidad solamente a quienes buscan el amor.

En ese momento se escuchó un estruendo ensordecedor y la piedra quedó intensamente iluminada, dejando ver con claridad el mensaje:

"La felicidad es una decisión, que llevas en el corazón si te mantienes por encima de las circunstancias; dale sentido a tu vida, al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte; si logras la trascendencia de tu ser y vivir solamente el presente, la felicidad será tuya y permanecerá en ti para siempre..."