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Los Cuentos de los padres del desierto

En los comienzos de la era cristiana el monasterio de Asceta llegó a ser el centro de convergencia de mucha gente que después de renunciar a lo que tenían iban a vivir al desierto que rodeaba el monasterio.

Muchas de las enseñanzas de estos hombres fueron recogidas y publicadas en diversos libros.

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El Abad Pastor caminaba con un monje de Asceta cuando fueron invitados a cenar. El dueño de la casa, que se sentía honrado por la presencia de los padres, mandó servir lo mejor que tenían.

No obstante, el monje estaba en período de ayuno; cuando llegó la comida, tomó un guisante y lo masticó lentamente. Y solo comió ese guisante durante toda la cena. Al salir, el abad Pastor lo llamó:

Hermano, cuando vayas a visitar a alguien, no conviertas tu santidad en una ofensa. La próxima vez que estés en período de ayuno, no aceptes convites para comer.

El monje entendió lo que el abad Pastor decía. A partir de ese momento, siempre que estaba con otras personas, se comportaba como ellas.