JUZGANDO A MI PRÓJIMO

Los Cuentos de los padres del desierto.

En los comienzos de la era cristiana, el monasterio de Esceta llegó a ser el centro de convergencia de mucha gente que después de renunciar a lo que tenían, iban a vivir al desierto que rodeaba el monasterio. Muchas de las enseñanzas de estos hombres fueron recogidas y publicadas en diversos libros.

Juzgando a mi prójimo.

Uno de los monjes de Esceta, cometió una falta grave y llamaron al ermitaño más sabio para que pudiera juzgarla. El ermitaño rehusó, pero insistieron tanto que terminó yendo.

Llegó allí cargando en la espalda un balde agujereado, de donde se escurría arena.

Vine a juzgar a mi prójimo, dijo el ermitaño al superior del convento. Mis pecados se están escurriendo detrás de mí, como la arena se escurre de este balde.

Pero como no miro hacia atrás y no me doy cuenta de mis propios pecados, fui llamado para juzgar a mi prójimo

Al escucharlo, los monjes desistieron de aplicar el castigo.