LA SILLA VACÍA

Cuando un sacerdote fue a visitar a un enfermo a su casa, advirtió la presencia de una silla vacía junto a la cama y preguntó por su finalidad.

El enfermo respondió: He colocado a Jesús en esa silla y estaba hablando con él cuando llegó usted. Durante años me resultó muy difícil hacer oración, hasta que un amigo me explicó que orar es hablar con Jesús.

Al mismo tiempo me aconsejó que colocase una silla vacía junto a mí, que imaginara a Jesús sentado en ella e intentase hablar con él, escuchar lo que él me contestaba. Desde aquel momento no he tenido dificultades para orar.

Algunos días más tarde, vino la hija del enfermo a la casa parroquial para informar al sacerdote que su padre había fallecido.

Dijo: Lo dejé solo durante un par de horas. ¡Parecía tan lleno de paz!

Cuando volví de nuevo a la habitación lo encontré muerto, pero noté algo raro: su cabeza no reposaba sobre su almohada, sino sobre una silla colocada junto a la cama.