SENNIN

Según la tradición china, es un ermitaño sagrado que vive en el corazón de una montaña, con poderes mágicos, como el de volar cuando quiere y disfrutar de una vida eterna.

Un hombre que quería emplearse como sirviente, llegó una vez a la ciudad de Osaka. No se sabía su verdadero nombre. Lo conocían por el nombre de sirviente Gonsuk, pues él era, después de todo, un sirviente para cualquier trabajo.


Este hombre (que nosotros llamaremos Gonsuk), fue a una agencia de colocaciones para trabajo, y dijo al empleado que estaba fumando su larga pipa de bambú:

Por favor, Señor empleado, yo desearía ser un Sennin. Tendría usted la gentileza de buscar una familia que me tome de sirviente y me enseñara el secreto de serlo, mientras trabajo como sirviente?

El empleado atónito, quedó sin habla durante un rato por el pedido ambicioso de su cliente.

¿No me oyó usted, Señor Empleado?, dijo Gonsuk . Yo deseo ser un Sennin. ¿Quisiera usted buscar una familia que me tome de sirviente y me revele el secreto?

Lamentamos desilusionarlo, musitó el empleado, volviendo a fumar su pipa, pero ni una sola vez en nuestra larga carrera comercial, hemos tenido que buscar un empleo para aspirantes al grado de Sennin. Si usted fuera a otra agencia, quizás...

Gonsuk se le acercó más, rozándolo con sus presuntuosas rodillas de pantalón azul, y empezó a argüir de esta manera:

Ya, ya, señor, esto no es muy correcto ¿Acaso no dice el cartel COLOCACIONES PARA CUALQUIER TRABAJO? Puesto que promete cualquier trabajo, usted debe conseguir cualquier trabajo que le pidamos. Usted está mintiendo intencionalmente si no cumple.

Frente a su argumento tan razonable, el empleado no censuró tan explosivo enojo: Puedo asegurarle señor forastero, que no hay ningún engaño. Todo es correcto, se apresuró a alegar el empleado. Pero si usted insiste en su extraño pedido, le ruego que se dé una vuelta por aquí mañana. Trataré de conseguir lo que nos pide.

Para desentenderse, el empleado hizo esa promesa y logró momentáneamente que Gonsuk se fuera. No es necesario decir, sin embargo, que no tenía la posibilidad de conseguir una casa donde pudieran enseñar a los sirvientes, los secretos para ser un Sennin. De modo que al deshacerse del visitante, el empleado acudió a la casa de un médico vecino. Le contó la historia del extraño cliente y le preguntó ansiosamente:

Doctor, ¿qué familia cree usted que podría hacer de este muchacho un Sennin con rapidez?

Aparentemente la pregunta desconcertó al doctor. Quedó pensando un rato con los brazos cruzados sobre el pecho, contemplando vagamente un gran pino en el jardín. Fue la mujer del doctor, una mujer muy astuta, conocida como la Vieja Zorra, quién contestó por él, al oír la historia del empleado.

Nada más simple. Envíelo aquí. En un par de años lo haremos Sennin.

¿Lo hará usted realmente, señora? ¡Sería maravilloso! No se cómo agradecerle su amable oferta. Pero le confieso, que me di cuenta desde el comienzo que algo relaciona a un doctor con un Sennin.

El empleado, que felizmente ignoraba los designios de la mujer, agradeció una y otra vez y se alejó con gran júbilo. Nuestro doctor lo siguió con la vista, Parecía muy contrariado. Luego, volviéndose hacia la mujer, le regañó malhumorado:

Tonta, ¿te has dado cuenta de la tontería que has hecho y dicho? ¿ Qué harás si el tipo empieza a quejarse algún día, de que no le hemos enseñado ni una pizca de tu bendita promesa después de tantos años?

La mujer, lejos de pedirle perdón, se volvió hacia él y graznó:

Estúpido. Mejor no te metas. Un atolondrado tan estúpido como tú, apenas podría arañar lo suficiente en este mundo de te comeré, o me comerás, para mantener alma y cuerpo unidos.

Esta frase hizo callar al marido.

A la mañana siguiente, como había sido acordado, el empleado llevó a su rústico cliente a la casa del doctor. Como había sido criado en el campo, Gonsuk se presentó aquel día ceremoniosamente vestido con haori y hakama, quizás en honor de tan importante ocasión. Gonzuk, aparentemente no se diferenciaba en manera alguna del campesino corriente. Fue una pequeña sorpresa para el doctor, que esperaba ver algo inusitado en la apariencia del aspirante a Sennin. El doctor lo miró con curiosidad, como a un animal exótico traído de la lejana India, y luego le dijo:

Me dijeron que usted desea ser un Sennin, y yo tengo mucha curiosidad por saber quién le ha metido esa idea en la cabeza.

Bien, señor, no es mucho lo que puedo decirle, replicó Gonzuk. Realmente fue muy simple. Cuando vine por primera vez a esta gran ciudad y miré el gran castillo, pensé de esta manera: que hasta nuestro gran gobernante Tayko, que vive allí, debe morir algún día. Que usted puede vivir suntuosamente, pero aún así, volverá al polvo como el resto de nosotros. En resumidas cuentas, que toda nuestra vida es un sueño pasajero. Justamente lo que sentía en ese instante.

Entonces, prontamente la Vieja Zorra se introdujo en la conversación, ¿haría usted cualquier cosa con tal de ser un Sennin?

Sí señora, con tal de serlo.

Muy bien. Entonces vivirás aquí y trabajarás durante veinte años a partir de hoy, y al término del plazo serás el feliz poseedor del secreto.

¿Es verdad señora? Le quedaré muy agradecido.

Pero, añadió ella: durante veinte años usted no recibirá de nosotros ni un centavo de sueldo ¿De acuerdo?.

Sí señora. Gracias señora. Estoy de acuerdo en todo.

De esta manera empezaron a transcurrir los veinte años que pasó Gonzuk al servicio del doctor. Gonzuk, acarreaba agua del pozo, cortaba leña, preparaba las comidas y hacía todo el fregado y el barrido. Pero eso no era todo; tenía que seguir al doctor en sus visitas, cargando en sus espaldas el gran botiquín. Ni siquiera por todo este trabajo Gonzuk pidió un solo centavo. En verdad, en todo el Japón no se hubiera encontrado mejor sirviente por menos sueldo.

Pasaron por fin los veinte años y Gonzuk, vestido otra vez ceremoniosamente con su almidonado haori como la primera vez que lo vieron, se presentó ante los dueños de la casa. Les expresó su agradecimiento por todas las bondades recibidas durante los pasados veinte años.

Y ahora señor, prosiguió Gonzuk, ¿quisieran ustedes enseñarme hoy cómo se llega a Sennin y alcanzar juventud eterna e inmortalidad?

Y ahora ¿qué hacemos? suspiró el doctor al oír la petitoria. Después de haberlo hecho trabajar durante veinte largos años por nada ¿cómo podría en nombre de la humanidad decir ahora a su sirviente que nada sabía respecto al secreto de los Sennin? El doctor se desentendió diciendo que no era él sino su mujer quien sabía los secretos.

Usted tiene que pedirle a ella que se lo diga, y se alejó torpemente.

La mujer, sin embargo, suave e imperturbable dijo:

Muy bien, entonces se lo enseñaré yo. Pero tenga en cuenta, que usted debe hacer lo que yo le diga, por difícil que le parezca. De otra manera, nunca podría ser un Sennin y además, tendría que trabajar para nosotros otros veinte años sin paga, de lo contrario, créame, el Dios Todopoderoso lo destruirá en el acto.

Muy bien señora, haré cualquier cosa por difícil que sea, contestó Gonzuk. Estaba muy contento y esperaba que ella hablara.

Bueno, dijo ella, entonces trepe a ese pino del jardín.

Desconociendo por completo los secretos, sus intenciones habían sido simplemente imponerle cualquier tarea imposible de cumplir, para asegurarse sus servicios gratis por otros veinte años. Sin embargo, al oír la orden, Gonzuk empezó a trepar el árbol sin vacilación.

Más alto, le gritaba ella, más alto, hasta la cima.

De pié en el borde de la baranda ella erguía el cuello para ver a su mejor sirviente sobre el árbol; vio su haori flotando en lo alto, entre las ramas más altas de ese pino tan alto.

Ahora suelte la mano derecha.

Gonzuk se aferró al pino lo más que pudo con la mano izquierda y cautelosamente dejó libre la derecha.

Suelte también la mano izquierda.

Ven, ven, mi buena mujer, dijo al fin su marido, atisbando las alturas. Tú sabes que si el campesino suelta la rama, caerá al suelo. Allá abajo hay una gran piedra y tan seguro como que soy doctor, será hombre muerto.

En este momento no quiero ninguno de tus preciosos consejos. Déjame tranquila.

¡Eh, hombre! Suelte la mano izquierda. ¿Me oye?

En cuanto ella habló, Gonzuk levantó la vacilante mano izquierda. Con las dos fuera de la rama ¿cómo podría mantenerse sobre el árbol? Después, cuando el doctor y su mujer retomaron aliento, Gonzuk y su haori se divisaron desprendidos de la rama, y luego... y luego... Pero ¿qué es eso? Gonzuk se detuvo, ¡se detuvo! En medio del aire, en vez de caer como un ladrillo y allá arriba quedó, en plena luz del mediodía, suspendido como una marioneta.

Les estoy agradecido a los dos, desde lo más profundo de mi corazón. Ustedes me han hecho un Sennin, dijo Gonzuk desde lo alto.

Se le vio hacerles una respetuosa reverencia y luego comenzó a subir más alto, dando suaves pasos en el cielo azul, hasta transformarse en un puntito y desaparecer entre las nubes.

AUTOR: yunosuke Agutagawa